POR SIEMPRE CLEDIA DE MELLO DE TOURNEE !!!

Cledia de Mello fue, ante todo, maestra. Su relación con los niños era sincera, poderosa y respetuosa: su innovadora metodología pedagógica está basada en su profundo respeto por los niñosen tanto personas pensantes y creadoras. Lo primero que Cledia enseñaba a sus docentes era la no descalificación, un concepto poco habitual en la educación tradicional. Afirmaba que el niño traía, desde sus primeros años, un bagaje de conocimientos que no debía ser ignorado: había aprehendido el mundo que lo rodeaba, había hecho asociaciones y establecido comparaciones.Era a partir de esa riqueza, y con ella como fundamento, que se le ayudaba a seguir elaborando el conocimiento. A mediados de los ochentaentré en contacto con el Centro de Educación Natural e Integral(CENI), fundado por Cledia de Mello junto aCristina Etorena, en el doble papel de madre y docente. Llevé allí a mis hijos de nueve y cinco años al ser contratada como profesora de inglés. Cledia consideraba a la adquisición de la segunda lengua una herramienta importante para el desarrollo integral de losalumnos, otra puerta para la construcción del pensamiento. La atmósfera académica de la escuela era impresionante: en el marco de la metodología natural e integral, se alentaba la investigación y la búsqueda permanente. Los maestros exploraban caminos y los compartían y discutían en intensas jornadas de formación docente. El concepto rector, impartido por de Mello, era que el conocimiento es uno y que todo tiene que ver con todo: la identificación de asociaciones lógicas estaba en la base del método y se estimulaba constantemente en los alumnos, aun(y muy especialmente) enlos preescolares.Se organizaban cursillos en los que participaban los maestros y profesores de la escuela y otros muchos procedentes del interior del país y también de países vecinos como Argentina y Chile.Profesores egresados del IPA dictaban clases de historia y de biología a los niños desde los primeros gradoslogrando que integraran los conceptos académicos enlazándolos con las vivencias propias de su corta edad.Ver a Cledia (Chela para todos nosotros)trabajar con niños de Jardín y de primer año era asombroso: a partir de una idea inicial los inducía a desarrollar el pensamiento lógico y los pequeños iban razonando y llegando a conclusiones por sí mismos, con plena confianza para expresarsey muchas veces llevando la clase hacia lugarestotalmente inesperados.Se referían a los reinos animal, vegetal y mineral o a los astros de materia encendida y apagada, entre muchos otros temas, sabiendo perfectamente de qué hablabanporque se les mostraban estos conceptosen suvida cotidianatomando la idea de Jean Piaget,de que el conocimiento resulta de un proceso constructivo a través de la
interacción con el objeto a conocer.En un paseo por el patio de la escuela, por ejemplo,se estimulaba a los niños a llegar a la conclusiónde que podemos caminar por la tierra porque no está caliente, está “apagada”, es un planeta. En cambio no podemos mirar mucho al sol porque irradia luz y calor, está “encendido”, es una estrella.Mucho más coherente y fácil de entender y de integrar para un niño de cinco o seis años que algunosenunciadossin sentidoy muchas veces bizarros que se incluyen en los libros de texto infantiles buscandoejemplificarelusode vocales o consonantes.Luego de la exposición oral los niños plasmabanlo trabajadoen pensamientos complejos en el pizarrón, dibujando las letras con la base orgánica. Para enseñar a escribir,Cledia partía una vez más de laexperiencia: los alentaba a reconocer qué parte del aparato fonadorutilizabanpara producir el sonido de cada letra y entonces, simplemente, lespedía que lo dibujaran: redondeando la boca(la“o”, la“a”), estirando los labios (la “e”, la “i”), tocando el paladar con la punta de la lengua (la “t”), etc.Era lo que llamaba la palabra“dibujada”en contraposición a la palabra“hablada”.Yo tuve el privilegio de vivirloextraordinario del métodoen mis hijos, especialmente en mi niña,que entró al grupo de5 años y,en menos de un mes,no sólo leía sino que era capaz de poner por escritosus propias ideas y sentimientos.La secuencia de accionesen el título del libro de Cledia de Mello para uso escolar, “Pienso, hablo, leo, escribo”, describe exactamente el proceso que recorren los niños que asisten al CENI.La homogeneidad nunca fue una meta para de Mello.Su escuela rompió con las clasificaciones y las normas apuntando siempre a crear identidad en los alumnos, fueran cuales fuesen sus características personales.Una vez me dijo que si lograba que los niños egresaran del CENI entendiendo que estaban “sentados sobre sí mismos”, que todo lo que los rodeaba era circunstancialy lo único permanente era lo que ellos mismos eran y creían, su tarea estaría cumplida.Ahora es una práctica extendida en muchos centros educativos, pero en los ochentaera muy inusual que los niños nofueran calificados con notas. Cledia sostenía que no se podía evaluar con una nota u otraa todos los niños porque todos partían de puntos diferentes, según sus capacidades y su entorno afectivo y socioeconómico. Precisamente,para llevar adelante ese pensamiento en toda su extensión, el CENI integró e integra a niños condiversas capacidades intelectuales, motoras, auditivas, visualesy emocionales. Todos encuentran allí su lugar, se encuentran a sí mismos, aprenden a respetarse porque son respetados, crecen, florecen. Y los adultos aprendemos a descubrirlos, admirarlos, amarlos en y con sus diferencias.Por todas las característicasmencionadas, el CENI nunca ha solicitado la habilitación del Consejo de Educación Inicial y Primaria.Mantiene fieramente su
independencia pedagógica y el derecho a definir su plan de estudios aun cuando eso significa que cada generación de Sexto año debe rendir pruebade egreso para acceder al liceo,que es aprobada año a año por la totalidadde los estudiantes.Cledia de Mello creía en una escuela dinámica, acompasada alos cambios que se procesan continuamente en sumedio y en el mundo: “Acompañe la escuela al niño para que el niño pueda acompañar a la sociedad”, afirmaba, y ese enfoque de constante cuestionamiento y transformación fue y es la esencia misma del CENI.Por supuesto, conocer a Clediade Melloy trabajar a su lado cambiótotalmente mi forma de enseñare hizo escuela en mí como docente y como ser humano. Tenía un efecto único en niños yadultos: nos enseñaba a creer.En nosotros como individuosyen nosotros como sociedad, dependientes del todoal que pertenecemosy a la vezautónomos para volar y crear.Ese vuelo era su objetivo y lo logró a lo largo de muchas generaciones de egresados: científicos, artistas, educadores, investigadores, escritores y cineastas que hoy están forjando su lugar en nuestro país y en el mundo pasaron por sus aulas y llevan su impronta: pensamiento crítico, confianza en la propia capacidad, audacia para romper preconceptos y buscar caminos, decisión para superar obstáculos —aun los de las propias dificultades—y alcanzar metas.La inquietud intelectual en su máximo exponente.La imagende Chela sonriente, intensa, recorriendo incansable las aulas de su escuelaescuchando, enseñando y aprendiendo de cada uno de nosotrospermanecerá en los que tuvimos el privilegio de participar de su propuesta educativa. La profunda diferencia que hizo en tantas vidases su mayor legado.
CLEDIA DE MELLO (1929-2012)
Rosario Lazaroff
Instituto de Educación Santa Elena

Emilio C. Gancedo

emigan@hotmail.com https://forogranjerodelnorte.com/

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