EL AMARGO ASESINATO DE LA CAÑA MÁS DULCE

NUESTRA MUERTE

En el verde mar ondeante de 7500 hectáreas de caña de azúcar, más de 740 millones de tallo somos asesinados salvajemente, todos los años.

Primero nos prenden fuego en enormes incendios.

 

Luego, filosas cortadoras en manos de rudos trabajadores, nos desprenden de nuestras raíces de un solo corte.

Pero, cuando seguimos vivos con la esperanza de renacer, desde nuestro ápice de crecimiento o las yemas superiores, con otro golpe traicionero de un afilado machete, nos quitan el cogollo.

Pero seguimos vivos. La sangre dulce aún está contenida.

Grandes dedos mecánicos nos levantan de la tierra, y nos ponen en grandes jaulas para llevarnos al Ingenio.

Allí nos limpian con enormes chorros de agua, para de inmediato, destrozarnos con afiladas cuchillas mecánicas que nos dejan en hilachas, casi deshechas. Pero aún seguimos con nuestra dulce sangre… hasta que nos meten entre enormes cilindros dentados donde, nos estrujan, nos exprimen hasta el infinito, separándonos, ahora sí; entre fibra y jugo.

Por si con esto no bastara, a las fibras ¡nos lanzan directamente al infierno! Somos el combustible de las calderas donde, a temperaturas de más de mil grados centígrados, volvemos a arder hasta convertirnos en cenizas.

Nuestra sangre dulce corre por las cañerías, nos filtran, nos inyectan productos químicos para desagregar nuestra estructura, nos calientan, nos hacen hervir en enormes tachos hasta cristalizarnos, nos pasan por centrífugas que nos hacen girar a más de 9.000 revoluciones por minuto para volvernos a depredar, quitándonos la melaza. Cuando ya somos sólo cristales, nos secan, nos meten en bolsas o bolsones, nos cargan sin miramientos en enormes camiones, rumbo a nuestro destino final: terminamos en los azucareros de la mesa familiar, en bollos, bizcochos, tortas, helados, caramelos, postres, refrescos…

Pero nuestros hijos, nuestros herederos… ¡vuelven en los retoños!

Aunque conocemos nuestro triste destino, crecemos nuevamente desde nuestras raíces, sabiendo que, para dar dulzura, debemos pasar por nuestro amargo destino.

La Caña de Azúcar.

Antonio de la Peña

NOTA:Las fotos son parte la obra de la artista plástica de Bella Unión, Sandra Idiart Jardim.

Antonio de la Peña

tono2000@hotmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Artículos recientes

En tendencia

Selección del Editor

FGLN

Foro Granjero del Litoral Norte

Espacio informativo y editorial independiente, nacido con una convicción clara: el saber que sirve debe compartirse.

Uníte al Foro Granjero

©2026 – Derechos Reservados.
Diseñado y desarrollado por: Alejandro Lima